Recuerdos
No sé por qué hoy me acuerdo de él.
Traspasó un día la puerta del Bar Royal. Hacía poco que Luisa y yo nos habíamos hecho cargo de la dirección de ese bar de pueblo.
Flaco,casi raquítico, con su blanco cabello pegoteado a jirones, sus ojos azules muy saltones y la barba despuntando gruesa y matizada , daba la impresión de que entraría a pedir como tantos otros.
Rumano,quizás , pensé.
Su silla de ruedas desvencijada no pasaba por la puerta y me acerque a largos pasos para abrir la otra hoja y ayudarlo.
Muy seguro de sí se colocó en medio del pasillo , delante de la barra y estirando su largo cuello con movimientos entreverados pidió ;
-Un vaquerito-
Mi poca experiencia en nombres de tragos se notó enla expresión de mi rostro ,
-JB con un hielo , en vasito de café-, se apresuró a explicar con voz firme pero entrecortada. Una voz disimuladamente dolorosa.
Uno trás otro saboreandolos y muy tranquilo se tmó tres o cuatro y así , como iniciando un ritual comenzó a venir todos los días.
Charla va , charla viene fui tejiendo su vida , tratando de comprender cosas que no me animaba a preguntar directamente.
Separado, dos hijos, 54 años, poca gente lo ayudaba con la parálisis que sólo lo dejaba pensar y disfrutar de sus vaqueritos y su otra pasión que era el Rock.
-Creedence, sobre todo y Bob Dylan ¿no tienes nada de ellos? -
-De Creadeence tenía los LP ¡¡vaya época, pero los vendí en la feria americana, cuando dejé Buenos Aires-
Un martes y luego del ritual de los vaqueritos lo vi tratando de sacar algo del bolsito que traía enganchado en su apocalíptica silla de ruedas y extendí la mano esperando el dinero que me daba siempre bien contado , pero me equivoqué
-Grábalos y cuidamelos. Hasta mañana-
Dos de Creedence , uno de Dylan y otro de un tal Bruno Lamas. Eran cassetes ¡¡Que bueno!! pensé.
Ese fue el último día que lo ví.
A los dos o tres días, al llegar al negocio encontré su foto en la esquela anunciando el horario de la misa y del entierro.
José, se llamaba.
No sé por qué hoy me acuerdo de él.
